Gustavo Tovar Arroyo: Yo confieso… (segunda parte)

Gustavo Tovar Arroyo: Yo confieso… (segunda parte)

“Mi ardiente protesta no es más que un grito de mi alma.

Que se atrevan a llevarme a los Tribunales
y que me juzguen públicamente.”
Emile Zola
 
I
Me he confesado libertino de la farsa chavista, blasfemo de su podredumbre moral, apostata de su imbecilidad: soy, con orgullo, otro excomulgado del chavismo.
El desafío es abierto y sin melindres: a través del libre pensamiento crítico, la educación y la noviolencia hacemos todo lo humanamente posible para que se vayan para el carajo los usurpadores y traidores de Venezuela.
Algo, sin embargo, nos diferencia de los chavistas: ellos usan las balas como recurso, nosotros usamos la palabra; ellos asesinan y encarcelan con su “justicia”, nosotros ilustramos y recreamos con poesía.
Nuestro peor delito es promover la libertad.
II
Han señalado que soy la “reina” de las fichas blancas del ajedrez conspirativo. Preguntó: ¿quiénes son entonces las fichas negras?
Antes de responder, debo señalar que las fichas blancas con quienes se nos asocia son auténticos paladines de la libertad, personalidades u organizaciones cuyo coraje los ha llevado a enfrentar y derrotar dictaduras, mafias y terroristas. Gracias a su empeño y gallardía millones de seres humanos hoy son libres, independientes o viven en sociedades más prósperas, pacíficas, justas y seguras.
Nombres como los de Gene Sharp (sus enseñanzas han inspirado a varios premios Nobel de la Paz como Suu Kyi, Xiaobo, Gbowee, las revoluciones de colores o la primavera árabe), Mario Vargas Llosa, Álvaro Uribe, Barack Obama o el movimiento juvenil Otpor representan las fichas blancas de la conspiración universal con quienes supuestamente conspiramos contra el bobalicón de Nicolás Maduro.
III
Las fichas negras que enfrentamos, es decir, los “hermanos del alma” del despelote criminal chavista (los amigos de Maduro), las representan la larga lista de regímenes dictatoriales y asesinos de la historia reciente de la humanidad.
Han personificado ese tablero de piezas negras los socios mundiales del chavismo: Castro, Amadineyad, Al Bashir, Mugabe, Kim Jong II, el Chacal, Lukashenko, Al Assad Hussein, Marulanda, Gadhafi, Sadam Hussein, organizaciones terroristas como las FARC, ETA, Hezbollah, entre otros, reconocidos y célebres descuartizadores de cientos de miles de seres humanos en todo el planeta.
Sólo muerte y esclavitud han traído los amigos del chavismo y de Maduro a la humanidad. Confieso que si esos sanguinarios personajes son nuestros adversarios, claro que intentamos desestabilizarlos y menoscabarlos. Es nuestra obligación moral y ética. Nadie nos chantajea por hacerlo, mucho menos los mediocres y bobalicones que en la actualidad rigen Venezuela.
Ser los desestabilizadores de su perversidad es un honor y si hacerlo representa un delito: ¡Persígannos! ¡Arréstennos! Somos merecedores de su prisión…, nos purifica.
Zola: “Cuando un pueblo desciende a esas infamias, está próximo a corromperse y aniquilarse.”
 
IV
No podemos ser ingenuos, detrás de los ataques que nos acusan de conspiradores o desestabilizadores no está Maduro y su paranoia tragicómica, sino los laboratorios de propaganda de las transnacionales del crimen, la corrupción y el narcotráfico que son realmente las que gobiernan a Venezuela.
Maduro, Castro, Morales, Ortega o Correa no son ya el problema, ellos tan sólo son las piezas de un ajedrez ensangrentado y oscuro que aspira dominar la región y convertir a Latinoamérica en santuario de narcotraficantes, mercaderes de la guerra y lavadores de dinero de envergadura internacional.

Zola: “En cuanto a las personas a quienes acuso, debo decir que ni las conozco ni las he visto nunca, ni siento particularmente por ellas rencor ni odio. Las considero como entidades, como espíritus de maleficencia social. Y el acto que realizo aquí, no es más que un medio revolucionario de activar la explosión de la verdad y de la justicia.

La lucha en la Latinoamérica del siglo XXI dejó de ser entre autócratas y demócratas; la lucha en el continente será entre narcotraficantes, terroristas y mercaderes de la guerra contra humanistas, liberales y noviolentos.





¿Quién vencerá?
Eso dependerá exclusivamente de lo que decida y haga la juventud latinoamericana. En sus actos descansa el destino de nuestros pueblos.
Narcotráfico, terrorismo y corrupción son las opciones del socialismo del siglo XXI; conciencia, emprendimiento y prosperidad representan las del humanismo y la libertad.
Manos corruptas, manchadas de sangre y lodo representan a las piezas negras. Manos blancas llenas de ideales y juventud representan a las piezas blancas que las enfrentan.
Ese es el desafío del presente siglo.
V
Yo confieso que si promover la vida, la libertad y los derechos humanos entre jóvenes es un delito en Venezuela, soy culpable.
Yo confieso que si creer y enaltecer a la juventud es una transgresión también lo soy. Si imaginar un país más humano y libre significa responsabilidad penal para el madurismo, mi culpabilidad se agrava.
Yo confieso que soy humanista y practicante de la no violencia. Mis poemas, artículos y actos dan fe pública de ello. Si ser crítico para el madurismo es un delito estoy preparado para ir preso.
Yo confieso que no sé disparar ni tengo el menor ánimo de hacerlo, mucho menos por la espalda a venezolanos (como lo hizo Chávez el 4 de febrero); lo único que me mueve es la recuperación de la democracia y la libertad por vías noviolentas. Si esto es un crimen nuestro destino no es otro que las mazmorras.
Yo confieso que no creo en la guerra y jamás toleraría ni aceptaría una invasión criminal en Venezuela como la que han ocurrido en Irak, Libia u otros tantos lugares. Ojo por ojo y todos quedaremos ciegos. Si ser pacifista en la Venezuela del usurpador Nicolás Maduro es un delito merecemos calabozo.
Yo confieso que la “desestabilización inspiradora” no depende de mí ni de lo que yo haga o deje de hacer, depende de millones de jóvenes que han imaginado un país no gobernado por el usurpador Maduro y sus criminales enchufados. Si imaginarse a Venezuela no gobernada por el madurismo es un delito, no sólo soy culpable yo, sino también la mayoría de los venezolanos.
Yo confieso que pese a todo soy optimista, y si ser optimista es un delito: ¡pena máxima!
Zola: “Sólo un sentimiento me mueve, sólo deseo que la luz se haga, y lo imploro en nombre de la humanidad, que ha sufrido tanto y que tiene derecho a ser feliz.”