El cafecito se convirtió en todo un lujo en Lara

El aroma del “oro negro” que sale de las cafeteras despertando el vicio en más de un venezolano se está acabando. Vendedores y consumidores de café son víctimas de la crisis económica y el disparo descontrolado y abusivo de este rubro, más el de la azúcar y la leche, haciendo que tanto el negocio, como el consumo se reduzca a la mitad o en el peor de los casos, se termine.

Por Luis Marchán | LA PRENSA de Lara

El viacrucis diario de los vendedores de café se muestra cuando hombres y mujeres con termos en mano, recorren las calles barquisimetanas haciendo de este rubro su trabajo y sustento familiar.

El cafecito se convirtió en todo un lujo

Luis Marchán | LA PRENSA de Lara.- El aroma del “oro negro” que sale de las cafeteras despertando el vicio en más de un venezolano se está acabando. Vendedores y consumidores de café son víctimas de la crisis económica y el disparo descontrolado y abusivo de este rubro, más el de la azúcar y la leche, haciendo que tanto el negocio, como el consumo se reduzca a la mitad o en el peor de los casos, se termine.

El viacrucis diario de los vendedores de café se muestra cuando hombres y mujeres con termos en mano, recorren las calles barquisimetanas haciendo de este rubro su trabajo y sustento familiar.

También batallan caminando, tanto por abastos como por buhoneros, en busca de los mejores precios del grano y azúcar, para poder hacer la poderosa bebida que venden a diario y verle alguna ganancia.

Estos mismos cafeceros ambulantes, cuentan que los consumidores compran el vaso más pequeño, que sale entre 3 mil y 3 mil 500 bolívares. A veces se quejan del sabor “a quinchoncho” que puede tener la bebida, pues admiten que el café más barato que consiguen no es 100% puro.

“Café negrito y de vasito pequeño es el que vendo”, dice Marisol Gómez, quien tiene su puesto en la carrera 19 con calle 31. “Debo madrugar para aprovechar que tengo gas y venir a vender el termo, porque antes traía una cesta con tres, pero los precios me obligan a traer uno ahorita”, declara.

“Pocholo”, quien desde hace 15 años camina por todo el Hospital Central Antonio María Pineda vendiendo el “guayoyito”, debe recorrer terreno adentro y con machete en mano por los lados de la avenida intercomunal Barquisimeto-Duaca para cortar trozos de leña y prender el fogón para preparar el café, pues hace más de 6 meses que no ve el gas doméstico.

“El café que le vendo a mis clientes está garantizado y son sabor, aunque sea en leña”, dijo.

Yolimar Pérez, cuenta que anteriormente vendía cafecito con leche y hasta chocolate, pero los cortes de luz le dañaban la leche líquida, dándole tantas pérdidas, hasta que decidió vender solo “negrito”.

Fikiu Bravo, quien tiene su puestico en la avenida Las Palmas, manifestó que prefiere comprar la bolsita de café empaquetada porque el que muelen en las calles sabe a “aserrín mojado” y el café le queda “maluco”.

Para Elizabeth Márquez, vivir en La Cañada es difícil pararse de madrugada y salir al ruedo para vender su termo en la mañana, porque la falta de efectivo se lo complica.

A Franklin Rodríguez, vendedor ambulante en el Terminal de Pasajeros de Barquisimeto, se le hace cuesta arriba vender los dos termos de café.

Hasta el año pasado vendía hasta 5 termos, incluyendo té y fororo. “El problema no son los vasos, porque todavía se pueden comprar, si no los precios del café y azúcar que todos los días cambian”, asegura el cafecero.

Según Umalia Riera, estaba acostumbrada a tomar 10 tazas de guayoyo al día, pero ahora lo hace solo 3 veces, para que le pueda rendir el cuartico de café empaquetado que compra.

Si se habla de café de panaderías, restaurantes o dulcerías es otra cosa, pues el consumidor puede gastar hasta 10 mil bolívares en un café grande con leche, porque además del producto, se le cobra al cliente el servicio brindado.

Los dueños de estos locales han tenido a veces que apagar sus máquinas para cuadrar precios, antes de vender.