Familias en Puerto Ordaz viven la cuarentena con rigurosidad en la prevención e inquietud por el mañana

Ingresar a las urbanizaciones en Puerto Ordaz, aun en horas de la mañana cuando está permitido transitar para las compras esenciales, se siente el vacío. Todos encerrados en sus casas, y al mediodía el congestionamiento de vehículos de los padres buscando a sus hijos en las escuelas ya no está. Conforme avance el día, las calles quedan más solas.

Por Jhoalys Siverio / correodelcaroni.com

“Esta mañana me puse a llorar. Le dije a mi hija: ¿cuándo será el día que vuelva a ver a mi mamá y mi hermana?”. Aunque los guayaneses tratan de adaptar su rutina diaria a la cuarentena nacional, a unos se les hace más difícil que a otros. Vianney Silveira, con lágrimas en los ojos, anhela que esta emergencia de salud sea superada y pueda reunirse nuevamente con su familia.

“Viven en El Pao y nosotros somos una familia muy unida. Con el problema de la gasolina y que no se puede pasar para allá, nos ha mantenido alejados. Somos una familia que estamos acostumbrados a vivir unidas. Dios nos está dando una lección fuerte a la humanidad, porque aquí no hay ni ricos ni pobres, ni colores ni política”, reflexiona.

En medio de esta cuarentena para la prevención del Covid-19, las mañanas de Vianney trascurren en labores de jardinería, pues es precisamente ese espacio con el que lograron acabar con el botadero de basura que había en el lugar.

“Esta mañana me puse a llorar. Le dije a mi hija: ¿cuándo será el día que vuelva a ver a mi mamá y mi hermana?”, comentó Vianney Silveira | Fotos William Urdaneta

 

Al menos el aseo urbano pasa más a menudo, pero desde hace un año siguen esperando por la reparación de una cloaca frente a su edificio en Villa Brasil.

En las tardes se dedica a ayudar a sus nietos con las clases que los maestros les envían por correo. Esta es, por ahora, su nueva rutina.

A una cuadra conversaban tres vecinas con sus tapabocas puesto, todas separadas con más de un metro de distancia, una incluso con reja de por medio. Una de ellas es Grisel Cisneros, una mujer que sale a comprar solo lo necesario en alimentos, además de dedicar unos minutos a regar las plantas.

“Tratamos de salir lo menos posible a la calle y usando tapabocas, hasta para salir a regar el jardín uso tapabocas. Entro a la casa, me lo quito, lo pongo al sol, me lavo las manos, estamos tratando de llevar una vida lo más normal posible. Lo que ha cambiado es que no salimos a cada momento a la calle a comprar cualquier cosa que se nos olvida, ahora tratamos de comprar lo que necesitamos para salir lo menos posible. El miedo está allí latente pero la fe en Dios es grande”, afirma Cisneros.

Lo que debería ser algo normal en cualquier país, es casi una bendición para los que viven en Ciudad Guayana, contar con servicios básicos.

“Afortunadamente no se ha ido la luz, el agua se va tarde en la noche pero ya a las 6:00 de la mañana tenemos otra vez, y el aseo pasa con regularidad.”, detalla.

El resto de su tiempo libre es para la limpieza del hogar y reparar todo aquello que quedó pendiente.

En esas mismas labores transcurre la rutina de Viscarlet Quintana, quien a veces cae presa de los nervios creyendo que el virus que ha paralizado a la humanidad le alcanzará.

“Me la paso encerradita, compartiendo en familia. Las tareas de los niños me las mandan por mensajes y aprovecho de hacer la tarea con ellos. Para que no se fastidien los pongo a jugar, les compro cotufas, se la pasan viendo videos, distrayéndolos”.

Solidaridad venezolana

La rutina de Amelia Keep coincide con la de dedicar tiempo a regar el jardín, limpiar, arreglar cosas dañadas que se dejaron para después y allí quedaron.

“Para distraer a mi nieta hacemos de payasos, de todo, la otra solución era la piscina pero no la sacamos para evitar que le dé gripe, la ocupamos es jugando, viendo comiquitas, es difícil mantener al niño a la casa porque se fastidian”, señaló.

Mientras los ciudadanos tratan de sobrellevar su vida en medio de una pandemia mundial, donde el pánico también se pone de manifiesto, más por las condiciones del sistema de salud en Venezuela que por la enfermedad en sí, Amelia destaca la solidaridad venezolana en medio de la crisis.

Amelia destaca la solidaridad del venezolano que se ha reflejado, entre otras cosas, en la de elaborar y donar tapabocas a vecinos

 

“Estoy orgullosa del comportamiento del venezolano, tengo vecinas que han hecho mascarillas y las donan, le hacen a los niños. Así como están los especuladores, están las personas que se están abocando, la gente que se ha solidarizado. Eso me hace sentir orgullosa de ser venezolana”, afirma Amelia.

Patricia Rodríguez también se topó con una de estas personas que se ha dedicado a hacer mascarillas de tela para regalarlas a vecino, sin ningún interés económico de por medio.

“Cuando todo esto empezó y fuimos a comprar a la farmacia, por supuesto la gente se había vuelto como loca, y ya no había ni antibacterial ni alcohol. Los tapabocas tampoco los conseguimos, pero tenemos un amigo que muy solidario ha hecho tapabocas para regalarle a la gente y nos regaló a nosotros también”, relató Patricia.

El cambio del día a día ha sido brusco para ella. “Es difícil porque soy muy activa, trabajo en la calle. Mi esposo trabajaba vendiendo celulares y ha tenido que ir a la oficina a buscar el celular, llevarlo a donde lo están comprando. Con mi hijo he tenido problemas porque quiere salir y le he tenido que frenar las salidas y visitas a la casa. No lo dejo salir, y para un muchacho de 20 años es difícil. Gracias a Dios tenemos comida y no se nos ha ido la luz, agua tenemos porque hay tanque pero se ha ido varias veces, me doy cuenta porque mi mamá vive al lado y allá se va el agua a cada rato”.

Cuando tiene la necesidad de salir a una diligencia muy puntual, la previsión no es solo el uso de tapabocas.

“Tratamos de usar camisas manga largas, guantes, el pelo recogido, cero maquillaje porque dicen que adhiere el virus. Una vez llegamos a la casa, rociamos la ropa con agua de vinagre, dejamos los zapatos afuera, entramos y de una vez al baño a bañarnos y cambiarnos la ropa”, detalla.

El después de la cuarentena

El confinamiento en sí no es la preocupación de Patricia y la de muchos venezolanos, sino lo que vendrá después económicamente.

“Me preocupa la economía del país. ¿Qué vamos a hacer los que si no salimos a la calle, no trabajamos, no ganamos dinero? Cuando se nos acabe el dinero y la comida, ¿qué vamos a hacer? ¿Qué haremos los que no tenemos capacidad de adquirir dinero si no salimos a la calle? Estamos viviendo con lo que mi esposo se está ganando, pero no es igual, porque si no estoy en la calle no tengo ingresos, y cuando ganábamos los dos podíamos comprar más cosas”, advirtió Patricia.

Además de las labores de hogar, ciudadanos aprovechan las mañanas para hacer compras puntuales y regresar temprano a casa

 

En esa misma disyuntiva están los venezolanos que trabajan de forma independiente, los comerciantes que no forman parte de los sectores considerados como prioritarios y deben permanecer cerrados, y aquellos que vivían de la renta de un local o vivienda, y que Nicolás Maduro suspendió los cobros de alquileres por seis meses. Las compensaciones que ofrece a cambio, siendo la contingencia una pandemia mundial, están sujetas a su política partidista a través del carnet de la patria.

Un plan económico incompleto

Nicolás Maduro anunció el domingo medidas económicas para contrarrestar las secuelas de la pandemia del Covid-19, entre ellas la suspensión de los pagos de alquiler de vivienda principal y locales comerciales durante seis meses; la inamovilidad laboral hasta el 31 de diciembre y el pago de nóminas a través del sistema patria por un lapso de seis meses.

Si bien el decreto no ha sido publicado, hay interrogantes que coinciden con las preocupaciones de los vecinos consultados, como por ejemplo, lo relacionado al pago de las nóminas que saltan a la vista ¿Cuántas empresas serán cubiertas por el subsidio? ¿Cuál será el monto subsidiado?