Las mascarillas están omnipresentes en Asia, pero se discute su eficacia

Las mascarillas están omnipresentes en Asia, pero se discute su eficacia

Farah Al-Awadi, una mujer iraquí de 28 años que ha contraído la enfermedad por coronavirus (COVID-19), se toma selfies con miembros del equipo médico durante la cuarentena en la ciudad sagrada de Najaf, Iraq, en esta foto sin fecha. Farah Al-Awadi / Folleto vía REUTERS

 

La eficacia del uso masivo de mascarillas faciales en Asia para luchar contra el nuevo coronavirus da lugar a opiniones diferentes entre los expertos.

En los países asiáticos la población recurrió en forma masiva a las mascarillas, a diferencia de Occidente, donde los gobiernos las destinaron sobre todo al personal sanitario de primera línea y recién ahora evalúan la posibilidad de un uso generalizado.





Los expertos coinciden en que las máscaras quirúrgicas comunes que se usan habitualmente en partes de Asia durante las estaciones de frío y generalización de las alergias no son una forma infalible de prevenir la infección del nuevo coronavirus.

Pero a las personas infectadas con el virus se les recomienda usarlos para que no contagien a otras, tanto más cuanto que hay evidencias de que la transmisión puede ocurrir antes de que una persona sepa que está enferma.

Esto ha reforzado el argumento de los partidarios de la máscara que creen que pueden ayudar a limitar la expansión del virus.

En algunas partes de Asia, el uso de máscaras ha sido una respuesta clave. El gobierno de Japón anunció el miércoles que cada hogar recibirá dos mascarilla de tela reutilizables.

Los habitantes de Hong Kong las usan en forma sistemática y además envían a sus familiares en el extranjero.

Keiji Fukuda, director y profesor clínico de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Hong Kong, explica que las personas en la ciudad perciben el uso como una señal “de que el individuo está tratando de proteger tanto a la sociedad en general como a sí mismo”.

“Pero donde crecí, en Estados Unidos, el uso de máscaras es visto por algunos como una vulneración de la persona, como una obligación impuesta no deseada”, afirma Fukuda a AFP.

Ben Cowling, profesor de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Hong Kong, acredita una serie de medidas de salud pública implementadas en estos países.

Estas medidas incluyen “identificar casos y aislarlos, rastrear y poner en cuarentena sus contactos, y también implementar distanciamiento social en la comunidad”, dice a AFP.

– Falsa seguridad –

Fukuda también advierte sobre la tendencia a pensar en usar una máscara “como un factor mágico”.

“Algunos lugares, como Singapur, han tenido excelentes resultados sin insistir mucho en el uso de las mascarillas”, señala.

El experto atribuye estos brotes más controlados a medidas que incluyen el rastreo de contactos, una buena coordinación, distanciamiento social y una población cuidadosa y “dispuesta a colaborar con las autoridades de salud”.

Fukuda opina que lo importante “es la combinación de todos esos factores”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) no recomienda por su parte el uso generalizado de máscaras e insiste, vista la escasez, en priorizar el suministro los trabajadores de la salud.

Otros expertos advierten que el uso de mascarillas puede ser contraproducente, incluso cuando los suministros son abundantes.

“Las máscaras pueden dar a las personas una falsa sensación de seguridad”, sostiene Simon Clarke, profesor asociado de microbiología celular en la Universidad de Reading.

– ¿Mejor que nada? –

Clarke teme que impulsar el uso de máscaras también podría alentar a las personas que son reacias a adherirse a las medidas de distanciamiento social.

“Puedo imaginar una situación en la que las personas infectadas, y que por lo tanto propaguen el virus, piensen que su máscara los autoriza a ir a lugares públicos o trabajar”, dice.

A pesar de la falta de pruebas contundentes, hay indicios de que los funcionarios oficiales en Occidente se están moviendo para fomentar el uso de mascarillas.

Austria y Eslovenia, entre otros, ya han ordenado su uso, y el científico estadounidense Anthony Fauci dijo esta semana que cuando el suministro es estable, las recomendaciones para usar máscaras pueden ampliarse para ayudar a evitar que las personas contagiadas propaguen el virus.

“Una de las mejores formas de hacerlo es con una máscara”, dijo a CNN.

Cowling, en cambio, dice que se necesitaban investigaciones adicionales para guiar la política sobre qué tipos de máscaras son útiles y cómo deberían utilizarse, pero que incremetar el uso de mascarillas podría revelarse útil.

“Creo que los países están analizando todas las medidas posibles para frenar la transmisión. Si las máscaras faciales pueden reducir la transmisión, aunque sea en una baja proporción, puede valer la pena”, alega. AFP