Gabriela Calderón de Burgos: Por un sistema de jubilación más justo

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Recientemente la Federación Internacional de Administradoras de Fondos de Pensiones (FIAP) publicó un esclarecedor estudio, del cual quisiera destacar algunos datos y argumentos. Para dar mejores pensiones primero hay que hacer crecer el pastel: el fondo de ahorros que las financia. En el caso del sistema chileno, 75% del patrimonio acumulado por las primeras generaciones de afiliados proviene de la rentabilidad de las inversiones realizadas con sus ahorros. El estudio de la FIAP señala que “Esto significa que en el sistema de AFP (Administradoras de Fondos de Pensiones) se han generado recursos para financiar las pensiones que son cuatro veces superiores a los que se habrían obtenido de haberse mantenido el régimen de reparto para igual tasa de cotización”. En México, sucede algo similar, 48% de los recursos acumulados a mayo de 2020 provenían de los rendimientos netos de los fondos de capitalización individual y en Perú, a fines de 2018, esta cifra era del 65%.

Una de las principales ventajas del sistema de cuentas individuales es que todo trabajador puede retirar sus ahorros, sin necesidad de satisfacer una cantidad mínima de aportes. Nuestro sistema, en cambio, exige que el trabajador cumpla con una serie de requisitos, los cuales si no son satisfechos implican la pérdida total de los aportes realizados. Esto equivale a una tasa de reemplazo de cero si es que el trabajador no realizó al menos entre 10 y 40 años de aportes, no satisface la edad mínima de retiro, o su empleador está en mora con el IESS.

Aquí está la regresividad del sistema de reparto y la equidad del de capitalización individual. El primero favorece a aquellos trabajadores con empleos más estables que suelen ser también los de ingresos superiores y parte del sector formal en desmedro de aquellos con empleos inestables con ingresos más bajos e informales. Si usted trabajó y realizó aportes durante 29 años y 11 meses pierde todo derecho sobre los aportes realizados durante toda una vida laboral y esos aportes que realizó se quedan dentro del sistema para financiar las pensiones de aquellos trabajadores en mejor situación. En cambio, en el sistema de capitalización individual nunca se pierden los aportes y estos nunca sirven para financiar las pensiones de otros.

Por supuesto, hay factores ajenos al tipo de sistema previsional y propios del mercado laboral que perjudican tanto los regímenes de reparto como los de capitalización. Aquellos países con mercados laborales rígidos donde los costos de la formalidad son más altos, suelen ser también aquellos con una mayor tasa de informalidad. Los informales no cobran pensiones en ningún tipo de sistema previsional. Pero realizar la transición hacia un sistema de capitalización individual reduciría los costos de emplear a alguien en el sector formal al dejar de ser percibidas las cotizaciones como un impuesto al trabajo, y aumentaría la movilidad de cada trabajador: ya no dependería de su empleador el destino de sus ahorros.

Hacer de los trabajadores propietarios, como lo proponemos en el Foro Libertad y Prosperidad, implica inyectarle equidad a los regímenes de jubilación en nuestra sociedad, que todos los trabajadores puedan elegir en qué se invierten sus ahorros —no solo aquellos que tienen ingresos por encima de cierto umbral.


Este artículo fue publicado originalmente en El Universo (Ecuador) el 3 de septiembre de 2020.