Melissa Sáez: Piedra, papel o tijera

 

Cuánto le cuesta a los pueblos los enfoques situacionales que hacen los líderes de una realidad que solo ellos pueden ver, entender y dar forma propia, desde los juicios divorciados de la vida real, donde el pueblo sufre los errores estratégicos de sus acuerdos, concesos y esfuerzos utópicos.

La empatía más que una condición, tiene una suerte de don divino en los tiempos actuales, con la que pocos cuentan y sería la mejor de las fortalezas en los líderes de la actualidad que aspiran ser generadores de cambio y restituidores del sistema democrático.

Como en un juego de niños y al azar parecen, aparecen y desaparecen las estrategias políticas, y me pregunto si es justamente esa la maniobra, “confundir” y aparentar errar una y otra vez en las acciones reales y decisivas que deberíamos tomar. Y pese a ser cierto la gran diligencia y los avances internacionales que se han logrado referente algunos temas, el problema técnico lo debemos resolver acá; por, para, en y con Venezuela.

En todo caso, mientras unos juegan a repartir y tener roles de grandeza y cargos políticos, otros aprovechan para ganar terreno, y es que, en el mejor de los casos, cuando no lo ganan, lo neutralizan con operaciones estratégicas que parecieran sacadas del sombrero de un mago, dejando a más de uno sin argumentos, y al resto con una agenda marcada para que se dediquen a descalificar a otros sin ocuparse del problema real.

Mientras unos cuantos se creen solucionando el tema país, otros se ocupan de ser realmente eficientes para sus fines, y pareciera que lo logran sin mayor esfuerzo. Y es así como nos llegará diciembre en la división de las divisiones fracturadas; para en enero aterrizar en la previsible conclusión de que se falló nuevamente y no logramos el cumplimiento de los objetivos.
Una realidad con la que de no ser posible la unidad para trazar estrategias concretas, nos llevará directo al año que viene. Afortunadamente en el 2021, tal vez, se cumpla la profecía de aquel que un día no alcanzó los objetivos, pero si tenía su meta clara, y que finalmente esto sea solo hasta el 2021.

Quizás sea momento de tener que asumir un liderazgo de carácter y talante social, que logre la unidad y brinde orden, dirección y protección; este liderazgo debe compartir sus valores positivos con una sociedad multicultural para generar la confianza en el otro, creando vínculos que tengan como resultado la asociación para solucionar problemas que nos atañen a todos. Hoy necesitamos un demócrata, ese que muchos ni saben que existe, porque finalmente tenemos más de dos décadas hablando de valores antidemocráticos y pareciera que se nos olvidó que es democracia.

Hoy la vacante es la necesidad de un líder, y bajo esta premisa, las necesidades se satisfacen. Ante un momento tan crítico como el que protagonizamos actualmente, el líder podría nuevamente ser cualquiera con voluntad de generar confianza, capacidad de asociación y con quien se compartan valores para transitar el camino donde el orden y la dirección estén claras, y poder así sentirnos nuevamente en una zona segura; no digo que esto sea fácil, pero la paradoja de lo bello y lo terrible es que podría ser cualquiera.

Un, dos, tres…