¿Podría haber una epidemia de peste bubónica en la actualidad?

Los expertos dicen que los descendientes directos de la misma peste bubónica que mató a 50 millones de personas en el siglo XIV todavía existen hoy. | Foto: Centralasia Media

 

La experiencia con el coronavirus demuestra que las enfermedades infecciosas suponen una amenaza que con frecuencia se subestima. En los últimos meses se ha comparado la pandemia de Covid-19 con otras epidemias registradas a lo largo de la historia, como la gripe de 1918 y, siglos antes, la peste. Esta última, causada por la bacteria Yersinia pestis, sigue existiendo y todos los años causa brotes en las zonas de Asia, África y América en las que todavía es endémica. La gran pregunta es si existe el peligro de que, en un futuro no muy lejano, llegue a provocar una epidemia.

Por María Sánchez Monge / Cuídate Plus

“El mundo corre grave peligro de padecer epidemias o pandemias de alcance regional o mundial de consecuencias devastadoras, no solo en términos de pérdida de vidas humanas sino de desestabilización económica y caos social”. Este vaticinio lo formuló en septiembre de 2019 un grupo de expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Banco Mundial en el informe Un mundo en peligro. Informe anual sobre preparación mundial para las emergencias sanitarias. En aquel momento, aunque todo apunta a que el nuevo coronavirus ya se estaba empezando a propagar, aún faltaban unos meses para que la situación estallara. En ese documento se exhortaba a “prepararse para lo peor: una pandemia causada por un patógeno respiratorio letal y que se propague rápidamente”. El coronavirus SARS-CoV-2 cumplía con creces esos requisitos, tal y como se ha comprobado.

Pero, ¿qué opinaban los expertos de la OMS del peligro que suponían otros patógenos y, en concreto, la peste? Esta frase lo resume: “Enfermedades potencialmente epidémicas como la gripe, el síndrome respiratorio agudo severo (SARS), el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS), el Ébola, el Zika, la peste o la fiebre amarilla, entre otras, presagian una nueva era marcada por una mayor frecuencia en la aparición de brotes de consecuencias nefastas y propagación potencialmente rápida, cada vez más difíciles de gestionar”.

La peste se encuentra, por lo tanto, entre los patógenos potencialmente pandémicos, pero no entre los que representan un peligro mayor e inminente. En palabras de Raúl Rivas, profesor de Microbiología del Departamento de Microbiología y Genética de la Universidad de Salamanca, “ahora mismo no hay riesgo de una pandemia de peste tal y como se entiende actualmente. Pero sí que es cierto que debemos seguir vigilantes porque, a pesar de que la cepa de la bacteria es bastante estable, podría producirse alguna mutación que la haga más agresiva”.

Víctor Briones, catedrático de Sanidad Animal de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) e investigador del Centro de Vigilancia Sanitaria Veterinaria (Visavet), tampoco cree que la peste suponga una amenaza global hoy en día. “Representa un peligro relativo que se ha tenido en cuenta de cara a una posible guerra biológica”, apunta. La forma neumónica de la peste, que en condiciones normales no es la más habitual, podría utilizarse con fines bioterroristas para propagar la bacteria por vía aérea. Por ello, suelen incluirse medidas contra ella en los planes de defensa de las naciones frente a un hipotético ataque biológico.

Una bacteria que cambia poco

Rivas explica que “Yersinia pestis es una bacteria que ha cambiado muy poco a lo largo de la historia”. En ese sentido, la razón por la que ahora no causa las epidemias mortíferas de la antigüedad hay que buscarla, más que en una reducción de su agresividad, en la mejora de las medidas de control e higiene, así como en el desarrollo de antibióticos eficaces, que no estuvieron disponibles hasta el siglo XX. La estabilidad de la bacteria representa, precisamente, una ventaja para la eficacia de los tratamientos, y lo cierto es que hasta la fecha se han generado muy pocas resistencias a los antibióticos que se utilizan para combatirla.

No obstante, aunque los “antibióticos son una herramienta fundamental”, un diagnóstico lo más inmediato posible es crucial porque, en los casos más graves, si no se administra el tratamiento en un plazo de 24 horas, las tasas de mortalidad aumentan de forma significativa.

Por otra parte, existe una vacuna “bastante eficiente”, según Briones. Nunca se ha utilizado de forma generalizada, pero en caso necesario podría llegar a producirse a gran escala.

Afortunadamente, y contrariamente a lo que ocurre con el nuevo coronavirus, los síntomas de la peste son siempre muy llamativos y no suele haber pacientes asintomáticos. “Enseguida aparecen los síntomas: fiebre alta, tos, escalofríos, debilidad…”, enumera Rivas, así como los bubones o bultos característicos que dan nombre a la peste bubónica. Esta ventaja es “común a otras enfermedades y por eso conseguimos erradicar la viruela: tenía una manifestación clínica rápida y muy visual que permitía saber quién estaba infectado y aislarlo”. En cambio, “el problema de la actual pandemia de coronavirus es que pasa desapercibido en muchos casos”.

La peste en el siglo XXI

El hecho de que no exista un riesgo inminente de peste no significa que la enfermedad esté controlada. En Europa no se han registrado casos en las últimas décadas, pero en otras zonas del mundo la peste está lejos de ser erradicada y, de hecho, en algunos países, como Madagascar, se registra una tendencia ascendente. Según la OMS, la peste está presente “en todos los continentes, excepto Oceanía, pero la mayoría de los casos que se han producido en humanos desde los años 90 han ocurrido en África. La República Democrática del Congo, Madagascar y Perú son los países más endémicos”. Algunos brotes recientes han llegado a afectar a cerca de 2.000 personas.

Rivas comenta que también se registran casos aislados en otras regiones del mundo. Por ejemplo, en Estados Unidos “aparecen casos prácticamente todos los años. Suelen estar vinculados a la época de cosecha, en el verano, que es cuando se recoge el grano y los roedores están más en contacto con las granjas y las casas”.

El profesor de la Universidad de Salamanca insta a “no alarmarse porque no hay un peligro inminente, pero se precisa vigilancia continua”. Para ello, nada mejor que adoptar las medidas de prevención que se han mostrado eficaces: saneamiento, control de animales, evitar el consumo de animales salvajes… Sin ir más lejos, este verano se han registrado varios casos -y fallecimientos- de peste bubónica en Mongolia por comer marmota infectada. “Incluso se han dado casos de peste transmitida a través de gatos porque estos se comen a las ratas o ratones infectados, contraen la enfermedad y las pulgas de los gatos la transmiten”.