La seguridad de la reina Isabel II, en alerta máxima

Foto archivo: REUTERS/Toby Melville/Pool

 

Fue el 9 de julio de 1982 cuando Michael Fagan, un joven irlandés, evadió la seguridad del Palacio de Buckingham, entró en la habitación de la Reina Isabel II y la despertó descorriendo las cortinas. La Monarca entonces consiguió mantener la calma y mantuvo una conversación de diez minutos con el intruso, cuyo contenido sigue siendo un misterio. Lo hizo por necesidad, pues estaba desempleado y tenía cuatros hijos. Al parecer, el hombre tan solo quería desahogarse y las deudas, el paro y la infidelidad de su esposa le dieron la puntilla al pintor y decorador, que se dio a la bebida. La solución la encontró en una voz imaginaria, que le dijo que debía ir a la residencia oficial de la Familia Real británica y contarle sus problemas a Isabel II, de la que más tarde reconoció estar enamorado.

Por ABC

El irlandés se coló a través de una claraboya y paseó por los pasillos de Palacio durante media hora descalzo y sin calcetines. No robó nada en sus dos incursiones. No era un ladrón, solamente un hombre desesperado. El 9 de julio, a las siete de la mañana, “el osado visitante de palacio intentó la más atrevida de sus aventuras: penetrar, mientras todos dormían –incluida la Reina– en el aposento de esta, y esperar a que la señora despertara para pedirle un cigarrillo desde el pie de la cama”, escribió Carrión en ABC, apenas unos días después del incidente.

El pasado domingo 25 de abril se volvió a poner en entredicho la eficacia de la seguridad de la Reina Isabel II después de que dos intrusos -un hombre de 31 años y su novia de 29- fueran detenidos y llevados a la comisaría de policía de Maidenhead tras trepar los muros del Palacio de Windsor pocos días después de que una mujer fuera arrestada por colarse en la residencia de la monarca británica. “Es totalmente inaceptable y vuelve vulnerable a la Reina. Esto es muy preocupante y las cosas realmente deben cambiar”, declaró entonces Ken Wharfe, oficial de protección personal de Lady Diana durante siete años. “Este es un lapso asombroso. Todos estaban en alerta máxima después del primer intruso y ahora esto sucede. Las cabezas podrían rodar. Es imperdonable. La pareja deambuló durante bastante tiempo antes de que alguien los viera y llamara a la policía”, ha declarado una fuente cercana a Palacio al diario británico ‘The Sun’.