Dormía con un cochino, regaló millones y apostó que no se casaría: George Clooney a sus 60 años

Dormía con un cochino, regaló millones y apostó que no se casaría: George Clooney a sus 60 años

El actor George Clooney cumple 60 años. EFE/EPA/KIMMO BRANDT/Archivo

 

La fama le llegó de grande, a los 33, con el papel del pediatra Doug Ross en ER Emergencias. El amor también: se casó con la abogada anglolibanesa Amal Alamuddin en 2014, cuando estaba decidido a permanecer para siempre como el soltero de oro de Hollywood.

Por Infobae

Dicen que el mayor secreto de George Clooney es no habérsela creído nunca. Ni aunque le aseguraron que era la reencarnación de Cary Grant, ni aunque lo nombraron dos veces –y con una década distancia– el hombre más sexy del planeta, ni aunque llegó a ser nominado en seis categorías diferentes de los premios de la Academia, ni aunque la revista Time lo haya incluido durante años en su lista de las 100 personas más influyentes del mundo, ni aunque es tan rico que ya no tiene sentido arriesgar cuánto cobra por película.

El año pasado, en medio de una de las mayores crisis globales de la historia, la revista GQ nombró al actor, productor, director, guionista y filántropo como ícono del 2020. ¿La razón? “Clooney –sostuvo el editorial– es la única cosa en la que todos podemos ponernos de acuerdo en una época en la que no podemos acordar sobre nada”. Como decimos acá: cierra la grieta.

El actor con sus padres -el presentador de talk shows Nick Clooney y la reina de belleza local y concejala Nina Bruce- y su hermana mayor, Adelia

 

En esa entrevista, recién operado de una hernia de disco en el cuello –secuela de un accidente con su moto en Cerdeña, en 2018– cuenta que, durante la intervención, los médicos también le encontraron artritis. “¿No es lindo hacerse viejo?”, pregunta con gracia quien hoy celebra 60 años. Sobre eso también bromeó esta semana en un reportaje con Entertainment Tonight: “Con este cumpleaños… bueno, no estoy fascinado, ¡pero es mucho mejor que estar muerto!”.

Es verdad, aparte de la artritis –que no le impide, dice, pasar la mopa en su mansión de Los Angeles como a cualquier aislado por la pandemia y recordar por qué su madre “quemó su corpiño en los sesentas”–, está más canoso y se le marcan las arrugas de la risa y cuando achina los ojos. En su última película, The Midnight Sky (2020, disponible en Netflix) –que dirigió, produjo y protagonizó–, se lo vio con una barba larga y blanca, en un personaje hosco y achacoso, enfermo. Pero que haga chistes sobre verse viejo es casi un chiste en sí mismo: sus papeles preferidos siempre fueron haciendo de tipos mucho más grandes que él, como el Bob Barnes de Syriana (2006) que le valió un Oscar, un Golden Globe y un BAFTA como Mejor Actor de Reparto.

Clooney de joven, cuando su cara recién asomaba en Hollywood. El éxito le llegó después de los 30

 

Es cierto también que los varones en Hollywood y los varones en general siempre tuvieron más permiso para envejecer, pero Clooney fue desde siempre un militante de la madurez. Quizá precisamente porque llegó a muchas cosas a la edad en la que otros tienen la vida resuelta. Nacido en Kentucky el 6 de mayo de 1961 e hijo del presentador de talk shows Nick Clooney y la reina de belleza local y concejala Nina Bruce, tuvo que tocar muchas puertas y pasar por infinidad de castings hasta que le llegó el papel de su vida.

Tenía 33 años, y hacía doce que se había mudado a San Francisco para estudiar actuación en el Beverly Hills Playhouse y probar suerte en los grandes estudios, cuando fue elegido por los productores de un drama médico para interpretar al pediatra Doug Ross. A medida que crecía su popularidad, comenzó a ser convocado para roles en la pantalla grande que combinaba con su demandante trabajo en la serie. George amaba las debilidades del personaje con el que había tenido su primera gran oportunidad, y le llevó cinco años decidirse a dejarlo para concentrar su carrera exclusivamente en el cine.

Clooney en el papel que lo catapultó a la fama: el pediatra Doug Ross en ER, junto a la actriz Julianne Margulies

 

El gran salto fue en 1996, cuando coprotagonizó la comedia romántica Un día muy especial junto a Michelle Pfeiffer. Durante aquella filmación, la actriz de Los fabulosos Baker Boys retó a su colega sobre otra decisión que Clooney tomaría mucho más tarde, y a la que entonces se negaba fervientemente. “Te apuesto 10.000 dólares a que tarde o temprano te vas a convertir en padre”, le dijo.

La deuda recién iba a honrarse dos décadas más tarde, el 6 de junio de 2017, con la llegada de los mellizos Ella y Alexander, que tuvo junto a su mujer, la abogada anglolibanesa Amal Alamuddin. Otra versión sobre aquella apuesta sostiene que al juego se sumó también Nicole Kidman, que compartió cartel con Clooney en El pacificador, en 1997. Pfeiffer y Kidman le habrían jugado 100.000 dólares a que no iba a seguir soltero cuando llegara a los 40. La leyenda dice que cuando fueron a pagarle, él dobló la apuesta: a los 50, les aseguró, tampoco iba a haber sentado cabeza.

El primer amor de Clooney fue la desaparecida actriz Kelly Preston. Quedaron amigos incluso cuando ella se casó con John Travolta.

 

Perdieron solo por dos años: Clooney y Alamuddin se casaron en Venecia el 27 de septiembre de 2014. El actor se enamoró perdidamente de la especialista en Derechos Humanos nacida en Beirut cuando, pese a un breve matrimonio con la actriz Talia Balsam entre 1989 y 1993 del que solo había quedado un mini pig, Max, con el que vivió por 18 años (“La relación más larga que tuve en mi vida”, solía decir), se encaminaba a ser el gran soltero codiciado –y empedernido– de Hollywood.

Su primer amor había sido la desaparecida Kelly Preston: vivieron juntos solo un año, pero siguieron siendo amigos para siempre. De hecho, más de una vez Clooney voló con su chancho Max en el avión del marido y padre de los hijos de Preston, John Travolta, a quien también lo une una gran amistad.

Las muchas mujeres con las que se lo vinculó desde entonces –como Krista Allen, la estrella de Amas de Casa Desesperadas Teri Hatcher, la luchadora Stacy Keibler, la modelo Lisa Snowden, y hasta Renee Zellweger, algo que ambos siempre desmintieron–, han culpado públicamente al dolor que le causó su divorcio de Balsam y a la mascota que le legó, por los años que tardó en volver a formar una familia.

Se dice que la modelo francesa Celine Balitran, con la que estuvo de novio de 1996 a 1999, le puso un ultimátum: >“Soy yo o el chancho”. Y que, claro, perdió el desafío contra el animalito. La conductora italiana Elizabetta Canalis, su novia oficial entre 2009 y 2011, declaró cuando se separaron: “Es ese chancho el que lo alejó durante años del matrimonio. Lo quiso más que a nada en el mundo. Era enorme y ¡hasta dormía con él!”.

George Clooney y Talia Balsam, su primera esposa (Photo by Jim Smeal/WireImage)

 

Como sea, Max murió en 2006, pero tuvieron que pasar años e incluso más de un rumor sobre su sexualidad por los que jamás pareció preocuparse, antes de que le interesara compartir la cama y la vida con alguien más. Poco antes de conocer a Alamuddin, aseguró cuando le preguntaron si pensaba casarse alguna vez: “No lo creo, realmente no soy bueno para eso”.

Después diría que todo cambió desde que vio por primera vez a la que sería su esposa en una comida improvisada en su mansión de Lago di Como. “Estoy yendo a tu casa con la mujer de tu vida”, le anunció su representante antes de llegar, según contó Clooney a David Letterman en el ciclo No necesitan presentación. Esa noche, los padres del actor estaban con él y fueron testigos del encuentro: “La química fue instantánea: Amal significó algo inmediatamente para él”, dijo Nick Clooney.

Clooney con su chancho Max, con el que vivió 18 años, hasta que murió: “Fue la relación más larga de mi vida”, sostuvo. Hasta dejó una novia por él

 

En efecto, quien pronto dejaría de ser el soltero de oro de Hollywood, no iba a tardar en reconocer: “Creía que no me iba a querer casar ni tener hijos nunca. Pensaba que tenía una vida plena: me iba bien, tenía grandes amigos. Y no sabía lo incompleto que era hasta que no conocí a Amal. Ella cambió todo para mí. No hay dudas sobre eso. Con ella por primera vez en mi vida sentí que cada cosa que le pasara o hiciera era infinitamente más importante que cualquier cosa que me pasara a mí”.

Parecen las palabras de alguien que nunca antes se había preocupado por los demás, pero son muchos los que dan cuenta de lo contrario. En la entrevista con GQ, Clooney confirma un rumor que circula hace años, desde que lo reveló uno de sus íntimos, Rande Gerber, el empresario y marido de Cindy Crawford, que fue beneficiado con su generosidad: en 2013 Clooney le donó un millón de dólares a cada uno de sus catorce mejores amigos. “Amal y yo todavía no estábamos saliendo. Así que yo era un hombre soltero de 52 años que estaba envejeciendo y que tenía amigos todavía mayores que yo”, contó.

Varias revistas lo colocaron como “el hombre más sexy”. Aquí, la portada de People en 1997.

 

Por entonces, Clooney acababa de estrenar Gravity, la película de Alfonso Cuarón con Sandra Bullock, por la que –como no había demasiadas expectativas– les ofrecieron a los actores llevarse un porcentaje de lo recaudado en lugar de cobrar su sueldo habitual. La odisea espacial terminó por ganar siete de los diez premios Oscar a los que estaba nominada y fue un éxito de taquilla. “Resultó un acuerdo tan rentable que pensé que tenía que hacer algo por todos los que durante 35 años me habían ayudado a estar donde estaba de una manera u otra. Me refiero a gente que me dejó dormir en su sofá cuando no tenía dinero. Que me prestó plata cuando la necesitaba –dijo a GQ–. Amigos realmente buenos: tan cercanos que pensé que si alguna vez me atropellaba un colectivo me gustaría que ellos estuviesen en mi testamento. ¿Y para qué iba a esperar a que eso pasara cuando podía hacerles un buen regalo en vida?”

El 27 de septiembre de 2013 Clooney –cuya fortuna asciende según Forbes a unos 500 millones de dólares– llamó a los 14 miembros de ese círculo íntimo que se hace llamar The Boys y los invitó a comer a su casa. Había comprado un bolso deportivo negro para cada uno que llenó con un millón de dólares. “George nos dijo que nos reserváramos ese día –contó el marido de la ex supermodelo–. Cuando llegamos, vimos que en la silla de cada comensal había un bolso. ¿Qué es esto?, preguntábamos. ¡Todos estábamos en shock!”

Con su esposa, la abogada y activista británica-libanesa Amal Alamuddin en 2019 en Roma. (Photo by Tiziana FABI / AFP)

 

Pero no todo queda en familia: junto a su mujer, una destacada activista de la que se muestra siempre orgulloso, se convirtieron en una de las principales parejas de filántropos de Hollywood, reconocidos por su compromiso con diversas causas sociales. Solo el año pasado, donaron 500.000 dólares a la iniciativa Equal Justice, que busca recaudar fondos para las poblaciones afrodescendientes tras el asesinato de George Floyd, además de 1.000.000 de dólares para apoyar a los trabajadores de salud en la lucha contra el Covid-19. También fue una de las figuras más activas en la campaña contra Donald Trump, por lo que incluso se llegó a decir que sería candidato a la presidencia por el partido Demócrata.

El eterno galán de la famosa cafetera no solo no desmintió su interés partidario: parece elegir cada vez con más cuidado sus apariciones en cámara. Prefiere estar del otro lado, dirigiendo y produciendo. Pero aunque algunos lo ven como una pista sobre su futuro en la política, la razón parece ser tan simple como representativa del radical cambio que eligió para su vida: hoy prefiere pasar el mayor tiempo posible con su mujer y sus mellizos de tres años antes que hacer cualquier otra cosa. Con la madurez llegaron las certezas: “Nunca antes disfruté tanto de la vida –confiesa–. Me siento feliz y bendecido”.

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